Kunar, una anciana afgana, contempla emocionada a la joven Negina Khpalwak a través de la pantalla. Observa como la chica de 20 años, ataviada con un traje tradicional, levanta su batuta para dirigir a la primera orquesta de mujeres afganas tocar en la clausura del Foro Económico Mundial de Davos (Suiza).  Negina se parece a ella con esa edad, cuando todavía vivían en un país próspero, en el que la mujer podía acudir a la universidad y llevar el mismo estilo de vida que cualquier hombre. Apenas conserva fotografías de la época, la mayoría tuvo que destruirlas, sin embargo, las que ha podido esconder, reflejan un período de esplendor que se podía confundir con el de cualquier país occidental.

Kunar sabe que no es la primera orquesta de mujeres afgana, que ya hubo otras… Pero no puede evitar el temblor de labios al expresar que nunca pensó que volvería a escuchar música afgana… Y mucho menos creada por mujeres.

Kunar no existe, pero es la historia de miles de mujeres a la vez. Los afganos y afganas de mayor edad recuerdan un país en el que la mujer podía llevar minifalda, investigar, cantar en concursos televisivos o posar en revistas. Pero con la llegada de los talibanes en 1994 todos estos derechos desaparecieron. El grupo fundamentalista se ensañó especialmente con la mujer, modificando su vida de forma radical, mostrándose absolutamente intolerantes con la diversidad étnica, social, política y cultural que reinaba en el país hasta el momento.

En relación a los aspectos artísticos- culturales los talibanes impidieron a la mujer realizar cualquier deporte, bailar, aplaudir, volar cometas, representar seres vivos, la fotografía y la pintura. Prohibieron la música y la interpretación visual de cualquier forma humana o animal. En 2009 la música había desaparecido del país en todas sus formas, siendo el año en el que asesinaron a la cantante afgana  Ayman Udas  y atentaron contra el mausoleo del más destacado poeta en lengua pastún, el sufí Rahman Baba.

Actualmente, Afganistán es uno de los países más pobres del planeta en los que los derechos de las mujeres han quedado totalmente relegados. La guerra de 2001 contra los talibanes permitió que estos se replegaran pero actualmente continúan controlando una parte importante del estado, perpetuando la imposición de condiciones de vida degradantes a las mujeres.  Según las estadísticas, en 2016 sólo el 36% de las mujeres menores de 25 años tuvo acceso al sistema educativo.

Envueltas en este contexto, 35 mujeres de entre 13 y 30 años, la mayoría de origen humilde, dan forma a Zohra (Venus, en árabe y persa, diosa de la música, del amor, de las artes), lideradas por Negina Khpalwak como directora. Sin embargo, esta orquesta es iniciativa del doctor Ahmad Sarmast quien ya ha sufrido un atentado. Sarmast y su grupo desafían una doble “prohibición” ya que al hecho de ser mujeres se une el de que la música continua considerándose una perversión en un amplio sector de la sociedad afgana. El grupo se ha constituido con la ayuda del Banco Mundial y de donantes extranjeros, promovedores de su gira europea.  

Para las participantes Zohra también es una forma de llevar al mundo una imagen más positiva de un país envuelto en una guerra interminable que sigue causando el desplazamiento de miles de personas de sus hogares. Afganistán es cultura, valentía y mujeres que desafían los cánones impuestos para mandar un mensaje de paz a sus semejantes. Daniel Baremboim también creyó en el poder de la cultura para crear una sociedad más justa y en paz a través de la West-Eastern Divan, donde jóvenes de Israel, Palestina, Siria, Líbano o Jordania, entre otros, continúan clamando a favor del dialogo entre las culturas.  Zohra sigue sus pasos, con la creencia de que es posible conseguir el cambio basado en la música.  

Pertrechadas de violines, sitares y otros instrumentos tradicionales este grupo de jóvenes se ha visto envuelto en amenazas, discriminaciones y muchas de ellas han conocido las consecuencias de la guerra. Su primer concierto en un país extranjero tuvo lugar el pasado 20 de enero en Davos, ante más de 3.000 líderes mundiales tocando exclusivamente temas clásicos afganos. La orquesta, probablemente la única femenina en el mundo musulmán, comenzó así una gira por Europa, lanzando un mensaje a través de su música: “otra forma de hacer las cosas es posible”.

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  • Maria Requena

    Redactora

    Terapeuta ocupacional, máster en ayuda humanitaria; una vida inseparable de los libros y, últimamente, obsesionada por unir palabras en cuyo poder para transformar el mundo creo profundamente. Cambio letras por balas.

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