“Y viendo Raquel que no daba hijos a Jacob, tuvo envidia de su hermana, y dijo a Jacob: «Dame hijos o me moriré». Y Jacob se enojó con Raquel y le dijo: «¿Soy yo, en lugar de Dios, quien te niega el fruto de tu vientre?». Y ella dijo: «He aquí mi sierva Bilhá, únete a ella y parirá sobre mis rodillas, y yo también tendré hijos de ella». Génesis, 30:1-3″.

Con esta premisa comienza El cuento de la criada, la nueva distopía de Hulu, basada en la novela de Margaret Atwood, que ha arrasado en los Emmy. Pongámonos en la situación: apenas han nacido niños durante los últimos años, la humanidad está destinada a desaparecer. ¿Cuál es la única solución posible? ¿Es lícito el sacrificio de muchos por el bien de unos pocos? Ojo, spoilers. Los pasos a seguir son muy sencillos:

Paso 1: Crear un cuerpo de seguridad.

Paso 2: Despojar a las mujeres de sus trabajos.

Paso 3: Confinar a las mujeres fértiles y “educarlas” para ser esclavas reproductoras de las familias importantes. Las mujeres estériles, mientras tanto, son enviadas a hacer trabajos en las Colonias.  

Lo que más impacta de toda esta historia es que quizá no nos vemos tan lejos de una realidad como la que nos muestra The Handmaid’s Tale. Solo basta un elemento apocalíptico, como lo es la infertilidad, y un grupo de poder decidido con una premisa. En cuestión de semanas el país de Estados Unidos se transforma por completo y pasa a ser un universo desconocido en el que muy pocos están a salvo: la república de Gilead.

Yendo incluso más allá, nos encontramos que lo que para Occidente es una distopía, no es muy diferente a lo que ocurre en algunos lugares del mundo actual en los que el fundamentalismo religioso está bien arraigado y no deja en muy buen lugar a la mujer. Es por esto que The Handmaid’s Tale muestra una realidad que podría ser y que es, y despierta conciencias más allá del simple entretenimiento.

Nolite Te Bastardes Carborundorum

El Cuento de la Criada juega con las palabras ocultas, tras las miradas, grabadas en un rincón; el código prohibido. Cada gesto puede ser decisivo para ser capturado por los Ojos o evitar apretar la cuchilla y desaparecer por fin de ese mundo.

Nolite Te Bastardes Carborundorum (Que los bastardos no te jodan) se convierte en un lema de la resistencia y deja constancia de que ha habido alguien antes. El mensaje más importante al final resulta ser aquel en el que uno se da cuenta de que no está solo, dando un toque esperanzador a la trama.

MayDay y las cartas de miles de mujeres en la misma situación que June, la protagonista, harán que tanto ella como el espectador reciban una dosis de confianza. “Si no querían un ejército no habernos puesto uniforme”, se dice al final de la primera temporada, y nos deja con la sensación de que va a empezar a moverse ficha, que no todo está perdido.

A woman’s place. El papel de las mujeres importantes

Resulta irónico y al mismo tiempo exasperante descubrir que las fundadoras de Gilead no son otras que las propias mujeres, las esposas de los hombres importantes. Al principio las vemos como víctimas, se han quedado relegadas a los hogares y casi privadas del sexo con sus maridos. Viven una situación kafkiana y desagradable solo para poder tener el hijo que ellas no pueden engendrar.

Sin embargo, a mitad de temporada se nos desvela una realidad que duele. Serena Joy, esposa del Comandante Waterford, es una mujer resentida. A través de flashbacks se nos muestra su brillante pasado como escritora del libro A woman’s place, defensor de una nueva línea denominada feminismo doméstico, que resulta ser la base de la sociedad en la que viven ahora, y que por lo que se ve, se ha dado la vuelta como una tortilla. “Es una bendición tener un hogar y un marido al que cuidar y seguir”, dicen las mujeres, y la embajadora de México, en una visita oficial, le pregunta directamente a Serena si al escribir ese libro se imaginaba una sociedad en la que las mujeres ya no pudieran ni siquiera leerlo.

Si aún no la habéis empezado recomiendo que lo hagáis cuanto antes. The Handmaid’s Tale atrapa desde el primer instante con un relato en primera persona que nos recuerda a un diario, y que nos permite ver las diferencias entre lo que dice y lo que piensa una mujer encerrada en una caja de música que aspira a la libertad y a recuperar a su familia. Lucha, y, por supuesto…, Nolite Te Bastardes Carborundorum.

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