“Hay que empezar con la voluntad de que aquello que escribimos va a ser lo mejor que se ha escrito nunca. Porque luego queda algo de esa voluntad”. Gabriel García Márquez.

Celebramos 50 años desde que Gabriel García Márquez publicó su obra más conocida: Cien años de soledad. Esta novela, afincada en el realismo mágico latinoamericano, se convirtió en un auténtico fenómeno en ventas y se ha configurado como un clásico de la literatura hispana y mundial. Tiempo después, esta obra impulsó al autor para hacerse con el Premio Nobel de Literatura. Cien años de soledad tiene algo que no te deja indiferente.

Cuando comencé la lectura de este libro no tenía ni idea del mundo en el que me sumergía. El autor hace una alocada crítica sobre la sociedad que le rodea a través de mensajes y moralejas, elementos históricos y autobiográficos, y situaciones surrealistas y descabelladas.

«Uno no se muere cuando debe, sino cuando puede».

Cien Años de Soledad no es una novela de lectura ligera, ni mucho menos. Cualquiera que la haya leído o lo haya intentado sabe de qué hablo. Desde las primeras líneas hasta las últimas, la soledad es el eje central que acompaña el engranaje de vidas y líos familiares de los Buendía. Es el relato de siete generaciones que pasan por tragedias, obsesiones y rebeldías, por milagros, incestos y supersticiones, por celos, locuras, y engaños.

«Muchos años después, frente al pelotón de fusilamiento, el coronel Aureliano Buendía había de recordar aquella tarde remota en que su padre lo llevó a conocer el hielo».

Si algo identifica este libro es esta rotunda primera frase. Pero, ¿por qué comenzar así? Es bastante revelador que una novela en la que la soledad es la esencia empiece con un momento tan íntimo y solitario como es la espera de la muerte frente al paredón. Allí, Aureliano Buendía aguarda a que sus ejecutores le disparen. Ese instante, para mí, refleja la soledad en estado puro.

Sin embargo, lo realmente interesante de Cien Años de Soledad no es que trate este tema de manera universal, sino que a través de sus personajes es capaz de mostrar varios tipos de soledad, que suelen estar vinculados con el momento cercano a su muerte. La de José Arcadio Buendía, sentida con tristeza; la de Aureliano Buendía, reflejada en la desilusión y la derrota; la de Rebeca, convertida en locura; la de Amaranta, llena de odio y frustración; o por ejemplo, la soledad de Úrsula, silenciosa y olvidada.

«Tenía la rara virtud de no existir por completo sino en el momento oportuno».

Como ya he dicho, hay siete generaciones de Buendía, pero además hay un sinfín de personajes que rodean el día a día de esta familia. Uno de los más destacados es Melquíades, el gitano. Éste representa la curiosidad y el estudio de las cosas. Todas las teorías e inventos que llegan a Macondo llegan de la mano de Melquíades, hombre por el que José Arcadio Buendía siente una gran admiración, y por el que, en cierto modo, pierde la cabeza. Aunque no sea uno de los personajes protagonistas y aunque su vida no llega ni a la mitad del libro, Melquíades estará presente en toda la novela, de principio a fin, como punto de referencia.

«Ella encontró siempre la manera de rechazarlo porque aunque no conseguía quererlo, ya no podía vivir sin él».

La repetición de los nombres de los personajes, similares todos, a lo largo de la novela, puede dificultar la lectura. Sin embargo, a medida que nos vamos sumergiendo en el mundo de Macondo y sus habitantes, descubrimos que cada uno de los personajes tiene un carácter y una forma de ser tan fuerte que los hace ser únicos. Dentro del caos sobresale el papel de Úrsula, la mujer de José Arcadio Buendía, que junto a él funda Macondo, y que es base y soporte de la familia. Los cien años que vive Úrsula demuestran que es ella el catalizador de la historia y de la vida de todos los demás personajes.

Para acabar, quisiera advertir a todos aquellos que pretendan empezar a leer esta novela de que si deciden entrar en el mundo de los Buendía, tendrán que llegar hasta el final, o de lo contrario, el vacío que les dejará Cien Años de Soledad no lo llenará ningún otro libro.

«…porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tenían una segunda oportunidad sobre la tierra».

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