Hace casi cuarenta años, el pueblo rohingya sufría el azote de la Operación Rey Dragón, orquestada por la Junta Militar de Ne Win para expulsarlos de Myanmar (antigua Birmania). No era la primera vez que afrontaban un éxodo a lo largo de su turbulenta y triste historia, pero sí fue el más significativo por la cantidad de refugiados que generó: 200.000 personas huyeron al país vecino, Bangladesh.

Hoy, los miembros de esta minoría étnica musulmana reviven aquella pesadilla. Casi medio millón de almas ha llegado en el último mes a un desbordado Bangladesh, escapando de la violencia y persecución en Myanmar. Sus aldeas y hogares son pasto de las llamas. El Ejército birmano les obliga a huir de lo que hasta ahora era su tierra. Pero, ¿cómo se ha llegado a este punto?

Las diferencias etnorreligiosas y las cicatrices colonialistas han hecho de esta región un auténtico cinturón de quiebra durante años. La mayoría de los rohingyas se concentraba, desde hace siglos, en Arakan (actualmente el estado birmanés de Rakhine, en la costa oeste del país, y que limita al noroeste con Bangladesh). Los problemas llegaron en 1785, cuando el entonces reino de Arakan fue invadido por la dinastía birmana Konbaung. Más de 35.000 nativos tuvieron que huir al Bengal británico escapando de trabajos forzados, del exilio y de la muerte.

Tras la victoria del imperio británico en las guerras anglo-birmanas, durante la época colonial, se animó a los bengalíes a asentarse en Arakan para trabajar en la agricultura, aumentando notablemente la población rohingya en aquella zona. Aquello fue un espejismo de tranquilidad. Los dragones volvieron durante la Segunda Guerra Mundial: miles fueron torturados y asesinados por el imperio japonés y las etnias pro-japonesas de Arakan. En ese tiempo, cerca de 22.000 rohingyas tuvieron que abandonar sus hogares. Los más radicales hicieron su particular yihad contra los nativos budistas de Birmania, atacando sus aldeas y masacrando a miles de budistas en 1942. Un triste episodio que alimentó aún más la espiral de violencia y enfrentamiento entre etnias y credos.

Desde que Birmania alcanzó la independencia del Reino Unido en 1948, los diferentes gobiernos birmanos han venido aplicando políticas de exclusión contra los rohingyas, limitando sus derechos más básicos al no reconocerlos como ciudadanos. Tras la Operación Rey Dragón, en 1978, y las crisis de los años 90, la escalada de tensión viene recrudeciéndose desde el año 2012. Los brotes de violencia de la última década han provocado la huída de 300.000 rohingyas, que actualmente viven en los dos campos de refugiados bangladesís, Katupalong y Balu Khal. Otros 400.000 han llegado desde agosto.

En definitiva, la historia de los rohingyas es la historia de un pueblo apátrida, perseguido y atrapado en un conflicto de siglos de antigüedad. Sus peores monstruos han vuelto. La pesadilla continúa.

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  • Escribo con cinco sentidos porque no tengo más. Siento una atracción fatal irremediable hacia las cosas nuevas. El mundo está muy enfermo, pero estamos a tiempo de salvarlo. Periodismo y Relaciones Internacionales.

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