Los grises existen, pero…qué coño. En realidad, todo lo importante tiene dos esencias enfrentadas…su cara y su cruz, su principio y su final, su felicidad y su miedo. En definitiva, aspectos opuestos que se necesitan para existir pero cuya coincidencia en el espacio-tiempo resulta improbable. En filosofía lo llaman Ley de la unidad y lucha de contrarios: dos tendencias contradictorias que, formando parte de la misma unidad, guerrean entre sí y cuya disputa es fuente de desarrollo.

Recientemente, un estudio de la universidad de Carolina del Norte apuntaba que la simpática hormona que produce la felicidad, llamada serotonina, podría ser también la culpable de que sintamos miedo. Pero… ¿podría la serotonina generar ambas sensaciones a la vez? ¿O serían la felicidad y el miedo dos caras de la misma moneda, dos contrarios luchando por imponerse? La realidad es que la felicidad y el miedo parecen tan incompatibles como el día y la noche. En la práctica, sería algo así como que cuando se nos enciende la felicidad el miedo se queda a oscuras, y cuando aparece el miedo la felicidad se extingue. A veces luchan entre sí, a veces una cede gustosa el protagonismo a la otra, a veces rompemos la baraja y dejamos al destino elegir por nosotros.

Quizás la felicidad no se trate de no tener miedo, sino de bajar su intensidad y silenciar su voz. Pero en la vida real, el miedo nos parece incontrolable, como esa felicidad repentina que nos trepa desde el estómago hasta la sonrisa. El miedo tiene muchas formas y estados; a veces es fugaz como una estrella, a veces nos bloquea el pensamiento y la razón. A veces se instala en nosotros durante años. Convivimos con él hasta que nos rendimos a su presencia, y caminamos junto a él con mayor o peor fortuna.

La sensación de ser feliz también puede ser cuestión de una milésima de segundo, tan efímera como un flechazo o como los minutos que dura nuestra canción favorita en la radio. A veces nos acompaña durante un tiempo, siendo motor y gasolina de sueños y objetivos; los más versados jamás dejan que se apague porque han aprendido a alimentarla con un poema, con una caricia, o con el recuerdo de un ser querido.

Quizás sea verdad eso de la lucha de contrarios. No podemos ver el sol y las estrellas a la vez. No podemos vivir y morir en el mismo segundo, ni dormir con los ojos abiertos. Pero sí podemos elegir cuándo mandar a la mierda al miedo. Podría ser lo único que nos está separando de la felicidad.

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  • Escribo con cinco sentidos porque no tengo más. Siento una atracción fatal irremediable hacia las cosas nuevas. El mundo está muy enfermo, pero estamos a tiempo de salvarlo. Periodismo y Relaciones Internacionales.

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  • Miguel Leal

    Interesantes ideas en un corto artículo del que creo poder compartir y añadir (con el permiso de la autora) lo siguiente:
    El miedo y la felicidad son instantes complementarios que, como a cualquier ser, nos hacen vivir (occidente); su comprensión y superación nos perfecciona como humanos (oriente).

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