¿Quién no ha soñado con viajar más allá de su propio cuerpo, con rozar por un instante los pensamientos exactos de la persona que tenemos en frente?  ¿Quién no ha deseado ser otro, verse a sí mismo desde el otro lado del cristal o conocer la realidad desde otros ojos?

Beanotherlab es el experimento psicológico – y tecnológico – más interesante de la última década. A través de realidad virtual y de otros componentes exógenos sus creadores buscan generar la experiencia de meterse en la piel de otro: ser bailarina por un día, saber lo que supone vivir una minusvalía, tener otro color de piel o ser nuestra propia pareja. Marte Roel, un joven mexicano especializado en musicología, neurociencia y psicología, fue uno de los fundadores de este proyecto que se ha lanzado a generar experiencias de empatía, compasión y entendimiento en todo tipo de áreas.

“En Barcelona coincidimos un grupo de personas de diferentes países y disciplinas que nos interesamos por desarrollar la experiencia de entrar en el cuerpo de otro”, nos explica Marte.

Y los inicios no fueron sencillos, en 2012 la tecnología VR apenas estaba desarrollada. Su fundador reconoce que “todo era muy underground” pues se valían de realidad virtual muy rudimentaria que conseguían en China y de tecnologías de los años 90. En 2014 comienza a desarrollarse esta tecnología y con ello Beanotherlab experimentó su mayor crecimiento.

La máquina de ser otro se vertebra a través de nodos, eso permite que – valiéndose de la misma base tecnológica – distintos grupos de trabajo experimenten distintas líneas de trabajo. Bendito trabajo colaborativo que nos ha regalado este nuevo siglo y que tanto ha ayudado a nuestro desarrollo.

Las reglas del juego son claras: la metodología se basa en la tecnología VR y siempre sin ánimo de lucro. “A partir de aquí, hay tantas aplicaciones como personas en el mundo” señala Marte. En el ámbito de la psicología investigan fobias, dismorfia, asuntos de identidad, rehabilitación motora o incluso resolución de conflictos. Philippe, otro de sus fundadores, se ha especializado en el área educativa: genera metodologías para niños y busca la forma de introducir programas relacionados con la empatía y la compasión desde la infancia.

Beanotherlab es algo más que el juego de “sentir que eres otro”. Existe una verdadera investigación sobre la identidad del ser humano, su capacidad de empatizar y de generar lazos con sus semejantes. Es algo tan amplio y complejo que asusta y fascina a partes iguales.

¿Qué nos hace ser nosotros mismos y no otros? Cuando le pregunto a Marte sobre qué es para él la identidad del ser humano un silencio reflexivo se instala en la habitación. Por suerte el mexicano no es la clase de persona que trata de simplificar una cuestión trascendental en unas pocas líneas, la experimentación y la reflexión es un método que ha asumido incluso en su vida personal.

Marte habla de que la identidad está determinada por el ser y por el estar. Además, entiende la identidad como una estructura que depende de factores sociales, pues la identidad colectiva es una realidad. También habla de una identidad paralingüística: la que define las cadencias de nuestra voz, nuestra forma de gesticular y de expresarnos. Su reflexión es tan interesante que podéis encontrarla al completo en el siguiente artículo.

Al final la máquina de ser otro es la búsqueda constante de la empatía y la conexión con otros. “Empatizar es sentir lo mismo que otro siente, se trata de que su tristeza detone mi tristeza. Es algo muy diferente a la simpatía, se trata de acompañar al otro, compartir su espacio por un momento” subraya Marte. Aunque también es consciente de que existe una empatía que genera malestar y de la que tratamos de huir y otra “concern” que nos mueve a actuar. En su laboratorio buscan principalmente llevar a la acción a los participantes.

Sus creadores son muy conscientes de las problemáticas que arrastra esta experimentación. “Perder la riqueza de la conexión humana si se extralimita su uso o generar malestar en una persona al contraponerla con sus propias ideas” señala Marte. Es por eso que el equipo trata cada caso de forma única, conociendo a los participantes y tratando de generar una experiencia que aporte algo.

Entrar en el cuerpo de otro

En una ocasión, un hombre al que le gustaba travestirse un par de veces al mes se puso en contacto con Beanotherlab: quería experimentar la posibilidad de estar en el cuerpo de la mujer para saber de primera mano sus sensaciones. Tras la experiencia se dio cuenta que, en su caso, no necesitaba ir un paso más allá pues se sentía bien simplemente travistiéndose.

Se trata de una experiencia íntima, y siempre colaborativa. Marte nos explica que tras la “inmersión” los participantes se encuentran “frente a frente” con las personas que acaban de ser, esto genera una relación que no se puede expresar con palabras.

La máquina ha sido probada por más de 5.000 personas y hasta el momento no han tenido malas experiencias, más allá de los típicos mareos que provoca la tecnología VR.

Desde hace unos meses han comenzado a experimentar en el ámbito del racismo y la xenofobia. Ya hay estudios previos, aunque no colaborativos, que narran que se pueden reducir estas conductas como indica la prueba de asociación implícita. Se trata de introducirte en el cuerpo de una persona de otra comunidad, generar un diálogo intenso entre ambas partes. El pensamiento, y esto es una opinión personal de quien firma, no se puede cambiar: pero si se puede generar una apertura al diálogo y al conocimiento de otras realidades.

“Es difícil expresar con palabras lo que se siente, es distinto a todo lo que conoces. Es una experiencia íntima en todos los sentidos” confiesa Marte.

El equipo sigue trabajando para mejorar esta experiencia, para abrir espacios de investigación en la psicología social y la neurociencia. Por ejemplo están experimentando con la posibilidad de que una voz ajena emane de nosotros.

Por el momento la mayoría de “experiencias” duran como máximo 25 minutos y una sola sesión. Marte cree que es a partir de la segunda experiencia cuando se pueden abrir nuevas líneas de pensamiento, pues la primera puede resultar desconcertante. Aunque caminan con pies de plomo en una disciplina tan nueva.

¿Y el futuro?

“Es una meta a largo plazo, quien sabe si en un futuro lograremos mejorar nuestra empatía y generar una conciencia colectiva por ahora trabajamos con una parte exógena, estamos lejos de ser otro pero ¿Quién sabe si algún día…?”

La pregunta de Marte es una invitación a seguir soñando que se sostiene en el aire. Un reclamo para seguir imaginando otros mundos, otros cuerpos y otras formas de seguir conociéndonos, quizás un poco mejor que hoy.

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  • Cristina Garcia

    Jefa de redacción

    Es una pena que no podáis escuchar mi diálogo interior. De esa idea desquiciada surge esta revista, no es mi culpa, me obligaron mis entrañas.

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